Aprendió a cocinar por necesidad.
La suya es una familia numerosa, pero su madre, Marita Minetti, debía hacer reposo los nueve meses de gestación.
Su padre, Arturo Minetti, eminencia en el mundo de las conservas, estaba al frente de un autoservicio y pasaba horas fuera de la casa.
En la cocina de aquella familia hacían falta manos en la masa.
Fue así como Nicolás y Ramiro, los mayores, empezaron a entenderse con hornallas y fogones..